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divendres, 6 de juny del 2008

Ante una taza de té


Me encanta tomar té. Me relaja, me pone en contacto directo con mi yo mas intimo. Desde pequeña siempre soñaba con la hora que mi madre me dejara tomar té, porque la buena de mi madre en casa solo se tomaba cafe y a los menores de 12 años solo nos permitian tomar sucedaneo de cacao , asi que en casa jamas vi el te ni de por asomo. No se a ciencia de que santo comenzo mi pasion por esta infusion de yerbas , pero fue algo casi magico cuando por fin cumplo mis doce años y me permitieron hacerme mi primer Hornimans, con su telita recuerdo que su olor me embriago y que me tome al menos tres tazas de seguido. Su sabor agridulce ( el té para mi entender hay que tomarlo sin azucar, el azucar adultera su sabor original) me cauitvo y eso que era de sobre! Con el tiempo comence a tomar té a diario por las tardes , me gustaba tomarlo sola , sentada en una cafeteria que hay allá por las costas de Cadiz , en un pueblecito blanco en el cual me crie que se dice que se llama Rota. En la cafeteria Ivy , regentada por un señor mayorcete de nombre Sebas , sabia que queria y ni me preguntaba que iba a tomar , me sentaba en los anchos ventanales que daban al mar y sorbia mi té caliente despacio , sin prisas , oteando el vasto e interminable horizonte que ni el pintor con mas tecnica pudiera pintar. Tanto si habia gaviotas y sol como si el mar estaba furioso y estaba cayendo un aguacero. Alli me iba yo , una hora antes de la convenida con mis amigas , a saborear en la soledad y quietud de la tade mi merecido premio. Mi te de la soledad. Y asi fue que se forjo una amistad ambigua y llena de sabores entre yo y esta infusion. Aprendi que los que eran de yerbas secas estaban mas buenos que los de sobres , le pedi a mi cantinero que comprara té de hojas secas y los correspondientes recipientes adecuados para hacerlos y saboreaba tarde a tarde mi soledad semi-compartida con el té en la mano y el mar en los ojos. Despues la vida me dio uno de esos sinsabores inesperados y me fui de mi adorado pueblo blanco hasta el inmenso y no menos bello pirineo catalan. Y aqui entre otras cosas segui con mi tradicional té de la soledad. He compartido este momento con otras personas , pero por increible que parezca se me hacia como un sacrilegio compartir mi hora de la soledad con alguien. Solo con mi amiga Rocio ( otra amante del té) no sentia ese sacrilegio , ella respetaba el momento magico de hacer el te en silencio , sorberlo despacito , saboreando cada detalle , cada nota de sabor , cada instante vivido de ese dia , diluido en el té de la meditacion.

Disfrutar de un buen te es como disfrutar de una buena sesion de sexo , vives la antesala , las caricias , el perfume , el juego sensual del calor en tus manos , y si eres buen amante , sabes que hay que beberlo sorbo a sorbo , de nada sirve tomarselo con prisas. Ahora mismo estoy compartiendo con todos vosotros mi hora del té , tengo delante una taza de té de manzana y mango humeante que me llama a susurros y me invita a relajarme y a meditar los momentos de mi dia de hoy , a matizarlos , a analizarlos y revivirlos si han sido buenos , asi como a aprender de los malos. Es mi momento Kit Kat. Os dejo ... mi amante humeante me llama.